A algunos bebés, a los cuatro meses ya les ha salido el primer diente. Otros, en cambio, con un año, están completamente desdentados. La mayor o menor precocidad en la salida de los dientes es una característica individual, que varía de un niño a otro, y que muchas veces tiene un componente hereditario.
Contrariamente a lo que muchos papás piensan, el retraso en la aparición de los dientes no se debe a una carencia de calcio. De hecho, el niño ya obtiene la cantidad necesaria de este mineral mediante la ingesta de leche y de derivados lácteos, alimentos, en general, muy abundantes en la dieta de los primeros años de vida. Por esta razón, si la alimentación del niño es correcta, no sirve de nada administrar complementos de calcio, con el fin de estimular la erupción de los dientes. "Únicamente, en el caso de que a los catorce o quince meses aún no hubiese ningún síntoma de aviso de una próxima erupción dentaria, sería interesante hacer alguna investigación para descubrir si alguna cosa no funciona", ha explicado nuestro pediatra, Luis G. Trapote.
La salida de los dientes viene acompañada, normalmente, de ligeros trastornos, como fiebre y resfriado y, a veces, incluso, de diarrea e irritaciones. Un hecho que ha vuelto a demostrarse en un estudio reciente realizado en la Universidad La Sapienza de Roma, que ha ofrecido datos incuestionables sobre la relación que existe entre esta etapa del desarrollo del niño y una serie de pequeños trastornos.
En qué orden aparecen
En la mayoría de los niños, el orden de aparición de los dientes de leche se adapta a la evolución de su alimentación. Los primeros en salir son los incisivos, ideales para masticar verduras y alimentos blandos; más tarde, apuntan los molares y caninos, adaptados a la carne. He aquí el orden de aparición:
• 6-8 meses: incisivos centrales inferiores.
• 7-10 meses: incisivos centrales superiores.
• 8-10 meses: incisivos laterales superiores.
• 10-14 meses: incisivos laterales inferiores.
• 14-20 meses: molares más internos, superiores e inferiores.
• 16-24 meses: caninos, inferiores y superiores.
• 24-30 meses: molares externos, superiores e inferiores.
Cómo prevenir la caries:
A los tres años, uno de cada tres niños ya tiene caries; a los cuatro años, el porcentaje asciende al 63 por ciento; y, a los cinco años, se sitúa casi en el 85 por ciento. La mayoría de las veces, la culpa es de mamá y papá, que no enseñan al niño a lavarse los dientes: la caries de un diente de leche nunca debe infravalorarse, ya que si no se cura con rapidez, puede provocar una inflamación. Además, si el diente careado está tan dañado que debe extraerse, se formará un espacio vacío y los dientes permanentes crecerán de forma desordenada, con lo que será necesario una ortodoncia para corregirlos.
Desde la erupción de los primeros dientes, se debe enseñar al pequeño a utilizar el cepillo dental, como mínimo, dos veces al día. Al principio, será como un juego para él: corresponderá a mamá y papá completar el lavado frotando bien con el cepillo sobre todos los dientes. Tampoco se debe exagerar con el dentífrico; es suficiente con aplicar una pequeña cantidad: una dosis mayor impedirá controlar que la limpieza se esté haciendo de forma correcta.
Un último apunte sobre la caries: esta enfermedad está provocada por la proliferación de un germen, llamado Streptococcus mutans, en las lesiones del esmalte causadas por la fermentación de los azúcares en la boca. En los recién nacidos, esta bacteria no está presente, pero la única arma eficaz de prevención es la higiene.
Qué hacer si se rompen:
Una mala caída, un golpe violento en la boca, y el diente se rompe, creando no sólo un problema estético, sino también dificultad para masticar y mover la mandíbula. Es necesario intervenir deprisa, introduciendo el fragmento (o el diente entero) en un vaso con leche y acudir al dentista:
• Si hay un único fragmento, es probable que pueda volver a pegarse.
• Si el diente está roto por varias partes, tendrá que reconstruirse con un material especial.
• Si el diente se ha caído, se intentará hacer un reimplante, introduciéndolo en su lugar original.
Los dientes de leche sirven para que el niño pueda masticar los alimentos hasta los 11/12 años, edad en la que son sustituidos completamente por los permanentes. Es muy importante que los dientes de leche permanezcan en su lugar durante todo el tiempo previsto, para que los dientes permanentes crezcan en la posición correcta.
Artículo publicado en la revista digital mibebeyyo.com
Tenir un fill és tornar a mirar-se el món amb uns altres ulls, redescobrir aquelles petites coses que, com a adult, ja donem per fet que hi són. Però també és tornar-se a descobrir a un mateix com a una nova persona, amb la categoria de pare o mare i preguntar-se contínuament: i ara, què he de fer? Com ho he de fer? Quan ho he de fer?...
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viernes, 14 de enero de 2011
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