Los primeros días de guardería son un momento delicado, que se debe presentar al niño como una oportunidad y no como un abandono. Te ofrecemos algunos trucos y consejos.
Es importante que la mamá (el papá, los abuelos, el canguro o cualquier figura de referencia del niño) esté presente durante los primeros días, que serán de transición.
La persona que se encargue de la “inserción” del niño en la guardería hará de intermediario entre el niño y el nuevo entorno, procurando sobre todo que el pequeño les coja confianza a los cuidadores de la guardería.
Cómo preparar el inicio de la guardería: las claves del éxito
● Los papás del niño deberán estar seguros y convencidos de la decisión, para transmitir tranquilidad, confianza y entusiasmo al pequeño. Esto favorecerá la adaptación del niño. El niño percibe y absorbe la ansiedad de sus padres.
● Si, antes de iniciar la guardería, el niño ya está acostumbrado a separarse de la madre será una gran ventaja. Y es que el miedo a la separación, al abandono es una de las principales dificultades para el niño.
Además, la separación de la madre es más fácil de asumir si se hace de un modo gradual. Por lo que este “entrenamiento” previo puede hacerse en mejores condiciones.
Durante el rato que la mamá esté ausente, es recomendable que el niño esté con algún familiar o alguna persona conocida con la que tenga trato y confianza, y se sienta a gusto.
Se puede empezar por ratos cortos y cada vez alargar más la separación, hasta que se conviertan en toda una tarde. Llegados a este punto, el niño estará preparado para “enfrentarse” a la guardería.
● La despedida puede ser uno de los peores momentos del primer día de guardería. Hay que evitar irse de “hurtadillas” cuando el niño está despistado, ya que el niño podría vivirlo como un abandono.
Es bueno proporcionar al niño unas palabras breves de despedida para consolarle, pero sin alargar el momento en exceso. Además, no hay que sucumbir a los llantos del niño y pataletas del niño, ni ofrecerle golosinas u otros “premios” para que se calme.
CONSEJOS PARA QUE EL NIÑO VAYA CONTENTO A LA GUARDERÍA
Existen algunas recomendaciones muy eficaces que ayudan al niño y a los padres a iniciar la guardería. La psicóloga Montserrat Canuda explica cómo conseguir que el pequeño vaya contento a la guardería.
1. En casa o en el camino a la guardería, podemos intentar explicar a nuestro hijo aspectos positivos acerca de actividades que hará y que le pueden resultar atractivas (jugar, pintar, aprender...) o sobre los aspectos sociales (conocer otros niños, hacer nuevos amigos, etc.).
2. Antes del momento de la separación, hay que someter al niño a un periodo de adaptación. Durante este tiempo, uno de los padres (u otra persona de referencia) pasará un rato en la guardería, junto con los educadores del centro y el niño.
Al principio, resulta ideal optar por una fórmula a media jornada; es decir, no dejar todo el día al niño en la guardería.
Sin embargo, hay que evitar presentarse siempre a la misma hora, ya que los niños pueden asociar una actividad concreta con la llegada o la partida de una persona.
3. El niño debe llevar a la guardería el chupete o el biberón que utiliza en casa: estos objetos funcionan como “elementos de transición”. El pequeño los relaciona con su casa y con su entorno, lo cual le hace sentirse seguro.
En ocasiones, el objeto “de transición” puede ser un muñeco, un juguete de casa, una manta... Algo que le recuerde y le vincule a sus padres.
Esta medida debe ser aprobada, previamente, por la maestra.
4. Nunca hay que olvidar despedirse del pequeño. Es una tentación marcharse “a hurtadillas” cuando está distraído, pero el niño podría vivirlo como un abandono. Lo importante es que el niño entienda que separación no quiere decir adiós.
Hay que otorgar cierta relevancia a la despedida, convirtiendo este momento en una especie de ritual fundamental en la adaptación del niño a la guardería.
5. Durante los primeros días, puede ser que el niño llore o se disguste. Esta situación no debe debilitar la decisión tomada, aunque hay que entender al pequeño y concederle tiempo. Cada niño tiene sus ritmos propios y personales.
En algunos casos, pueden disminuir las crisis de llanto si es el padre, u otro familiar o conocido el que deja al niño en la guardería, en lugar de la mamá.
6. De cualquier forma, es importante observar el humor del pequeño cuando se le va a recoger. Un niño puede llorar cuando la madre se marcha y, sin embargo, salir muy contento al mediodía o por la tarde. Lo contrario sería más preocupante.
Si la reacción del niño a esa separación fuera desmesurada en cuanto a intensidad y se prolongase durante mucho tiempo, sería conveniente consultar a un especialista. Podría tratarse de algo distinto a una simple ansiedad por separación, que, hasta los tres años, se considera como propio del desarrollo.
EL NIÑO NO QUIERE IR A LA GUARDERÍA
¿POR QUÉ?
A menudo, los niños muestran una extrema aversión a la guardería. El miedo a la separación es habitual, pero superarlo es un paso más en el desarrollo del pequeño.
La guardería es la solución para muchas familias en las que ambos padres trabajan y, además, ayuda a la socialización del niño. Pero, a veces, los pequeños se resisten a ir y no quieren separarse de sus papás, y éstos sufren al ver llorar a su hijo y tener que dejarle solo.
La doctora Montserrat Canudas Marsinyach, licenciada en psicología clínica, especialidad infantil juvenil, y terapeuta familiar, explica por qué algunos niños tienen este rechazo hacia la guardería.
¿Cuáles son las causas principales por las que un niño no quiere ir a la guardería?
El niño pequeño no tiene una percepción clara del tiempo. Por ese motivo, cuando se produce una separación de sus padres (o abuelos, canguros...), el bebé tiende a pensar que va a ser permanente y vive ese momento de un modo muy angustioso.
Su reacción suele ser la de un llanto desconsolado con el que demanda la atención del padre o de la madre para que vuelva.
Lejos de ser un problema, este miedo a la separación es un mecanismo evolutivo que el niño irá perdiendo de forma gradual, en la medida que tenga oportunidades de experimentar con su entorno y adquiriera una cierta autonomía.
De hecho, la ansiedad por la separación está presente en casi todos los niños de entre 12 y 14 meses, y es algo muy frecuente hasta los tres años de edad.
COMER EN LA GUARDERÍA
Comer en la guardería supone otro de los retos que el bebé tiene que superar. En este nuevo entorno, el niño hará amigos y aprenderá a comer sin sus papás.
En casa, la comida y la cena son una lucha: tu hijo hace las mil y una, y se muestra desganado e inapetente. Tú te preocupas, porque tienes miedo de que en la guardería haga lo mismo...
Sin embargo, te puedes llevar una sorpresa: puede que en el jardín de infancia el pequeño coma con apetito y no se deje nada en el plato. Incluso, puede darse el caso de que quiera repetir.
La explicación es psicológica: para el pequeño, resulta más divertido comer con los amigos que hacerlo en casa con mamá y papá, que, a menudo, hablan entre ellos o se muestran preocupados por la cantidad de comida que el niño toma.
Además, en la guardería, se activa el mecanismo de la “emulación”: el niño ve que sus compañeros comen y se siente animado a hacer lo mismo.
CONTAGIOS EN LA GUARDERÍA
Los niños que empiezan la guardería sufren a menudo resfriados, bronquitis, otitis o laringitis. Estos trastornos no deben asustar a los padres, pues son un camino obligado para construir su sistema inmunitario.
El sistema inmunitario del pequeño se activa ante los estímulos de los agentes infecciosos (bacterias, virus…). Las defensas del niño se volverán más fuertes y agresivas si se produce un contacto sucesivo con el mismo agente patógeno, ya que el organismo activará su “memoria” inmunológica.
Por lo tanto, puede que el niño enferme más a menudo en la guardería o el colegio. Sin embargo, en compensación, durante esta etapa, se enfrentará mejor a los virus y a las bacterias.
Es necesario controlar que cada vez se trata de trastornos y enfermedades diferentes, y no de los mismos que se repiten. La recaída puede suponer una mala curación o unas defensas débiles o insuficientes.
Si el niño padece primero un resfriado y después una laringitis, los padres pueden estar tranquilos, porque significa que su sistema inmunitario funciona correctamente.
Las enfermedades a las que el niño estará más expuesto son el sarampión, la parotiditis, la rubéola y la varicela, que se contraen después de los tres años y de las cuales el niño ya está vacunado.
Artículo publicado en la revista digital mibebeyyo.com
Tenir un fill és tornar a mirar-se el món amb uns altres ulls, redescobrir aquelles petites coses que, com a adult, ja donem per fet que hi són. Però també és tornar-se a descobrir a un mateix com a una nova persona, amb la categoria de pare o mare i preguntar-se contínuament: i ara, què he de fer? Com ho he de fer? Quan ho he de fer?...
Al Novembre de 2007 el Consell Comarcal de
viernes, 14 de enero de 2011
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